Cómplices

—¡Papá, lo he conseguido! —dije mientras cerraba la puerta con dificultad.
—Estoy en el estudio. Ven.
Fui a su encuentro. Desde la entrada de la habitación, asomándome por el lateral de la columna de paquetes que llevaba entre mis brazos, le sonreí con complicidad.
—¿Lo montamos? —le pregunté ilusionado.
—¡Claro! —Mi padre cerró el libro que estaba leyendo y se levantó para ayudarme a dejar los bultos en el piso—. ¡Madre mía! ¿Has comprado toda la tienda?
—¡Ja, ja, ja! Ganas no me faltaron, pero dinero sí.

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