El androide

El androide

Hay una diferencia entre tú y yo cuando hablamos de informática. Desde pequeño he sentido curiosidad por saber cómo funcionan las cosas. Mi primer impulso al tocar un nuevo juguete no era jugar con él, sino averiguar el secreto que escondía en su interior. Con el tiempo, me di cuenta de que, así, le sacaba mayor partido al juguete y me duraba más que a otros niños, entre otras cosas porque entendía dónde estaban sus límites. Eso mismo pasó cuando descubrí los microordenadores: di por hecho que tenía que aprender a programar aquellos aparatos. Esa es la diferencia…

En mi paso por la informática he aprendido muchos lenguajes de programación. He aprendido incluso a crearlos. No tengo ningún lenguaje favorito ni ninguno que aborrezca especialmente. Es cierto que me siento más cómodo con alguno de ellos pero me gustan todos. En el saco de “sólo lo uso si no tengo más remedio” tengo metido a Java. No porque lo considere un lenguaje malo sino porque el uso de determinados frameworks es intrincado y farragoso. El lenguaje en sí es bastante sencillo y muy potente. Al existir alternativas similares con las que disfruto más, como por ejemplo: python, cuando tengo que escribir algún programa, y puedo elegir, no escojo java.

android logoUn terreno que no había pisado aún porque no me llamaba demasiado la atención era el del desarrollo de aplicaciones para Android. Ni me había surgido la necesidad de hacerme una aplicación (App, como las llaman) a medida ni mi imaginación me sugería gran cosa sobre ese asunto. Vamos, que no se me ocurría nada que ofrecer que pudiera ser medianamente útil o divertido. El cinco de enero de 2015, G. me comentó que estaba haciendo un curso on-line en Coursera —una plataforma web de cursos gratuitos— y me preguntó si me interesaría hacer uno de iniciación a la programación para Android que había encontrado: Programación de Aplicaciones Móviles para Sistemas Portátiles Android, que constaba de dos partes y que lo imparte el Dr. Adam Porter de la Universidad de Maryland. Me apunté en el curso y en dos meses y medio lo acabé. Es fácil de seguir y con un material didáctico más que decente. No sé si lo habrán actualizado porque Android evoluciona muy rápido, pero vale la pena realizarlo si te interesa introducirte en ese mundo. Ni que decir tiene que eso es sólo el principio, es romper el hielo, porque, para desarrollar una App “seria”, hay que estudiar mucho más. Afortunadamente, la documentación de las diferentes APIs de Google para Android está muy bien organizada y completa y StackOverflow está repleta de información para resolver todo tipo de problemas.

En marzo de 2015, T. me propuso hacer una App que fuera útil para los que tenemos mascotas y, por lo tanto, posibilidad de que alguna de ellas se extravíe. Me gustó la idea y el cinco de septiembre publiqué la versión 1.0 de Se busCAN en la Google Play Store. Como programador ha sido una experiencia muy enriquecedora. Es una lástima que la App no tenga el éxito que esperábamos (luego hablaré más sobre esto).

Para poder desarrollar aplicaciones para Android necesitas como mínimo:

  1. Instalar el SDK de Android.
  2. Una máquina potente.
  3. Conocimientos sólidos de programación en Java.
  4. Y, por supuesto, aprender lo básico de la arquitectura Android.

La primera parte es fácil de conseguir y es gratuita. Lo descargas, lo instalas y a programar. EL IDE, Android Studio, basado en Intellij IDEA, es un entorno de desarrollo sólido y con unas prestaciones asombrosas. Tienes que tener muy buena excusa para no usarlo.

Para mover tanto el IDE como el emulador, necesitas una máquina potente ya que de lo contrario te frustrarás con cuelgues y esperas. También puedes probar tus Apps en dispositivos móviles reales conectados al PC por USB y te evitas el problema del emulador.

Y, sí, hay que programar en Java, lo siento, (hay otras opciones pero esta es la habitual) por lo que necesitas desenvolverte bien con este lenguaje.

Android es software libre en un mucho por cien y eso es de agradecer, pero en mi breve experiencia con este sistema he visto como las dependencias con los diferentes servicios que Google ha desarrollado para él son cada vez más fuertes y exigentes. Esto que en principio no tendría por qué ser malo, para mí lo es, ya que, de alguna manera, condiciona la libertad del desarrollador y genera desconfianza. “Obligando” a usar sus servicios, Google sigue alimentando el Big Data que tiene sobre nosotros y nuestros hábitos. No me gusta sentirme vigilado y detesto la hipocresía. Se nos venden sistemas abiertos y superseguros de la hostia pero detrás está esto: “Revelaciones sobre la red de vigilancia mundial“. ¡Allá tú con la información que proporcionas en la red!, no se lo pongas tan fácil.

El caso Apple merecería un artículo aparte. Si has pensado en desarrollar aplicaciones para iOS deberías leerte el acuerdo hiperblindado que tienes que aceptar para poder entrar en su mundo. Si no se te quitan las ganas después de hacerlo es que eres un poquito masoquista.

Retomando el tema de la App que publiqué me gustaría aclarar una cosa: programo por diversión, no busco ni dinero ni reconocimiento y acepto de muy buen grado las críticas constructivas. Odio las Apps que introducen publicidad (¿no tenemos ya bastante publicidad en otros medios: TV, prensa, vallas publicitarias…?), imagina que antes de poder poner la lavadora en marcha tuvieras que tragarte unos anuncios de detergentes o que, mientras haces la comida, tu vitrocerámica te dijera qué marca de arroz deberías usar. Entiendo que los programadores quieran obtener dinero a cambio de su trabajo y, de hecho, he comprado varias aplicaciones para el móvil que me son útiles y su precio es muy asequible. Creo que a cualquier persona con dos dedos de frente y tres o cuatro neuronas bien avenidas no le importa pagar del orden de tres euros por esa aplicación que tanto le gusta. La cultura de la “masa” de usuarios —depende de ti el sentirte aludido o aludida— de las aplicaciones para móviles —extrapolable a otros ámbitos— impulsa y defiende sin argumentos que lo correcto, lo cool, es conseguir las cosas gratis y le importa una mierda que detrás haya un esfuerzo que merece ser reconocido y sostenido. Otra cosa, que no tiene nada que ver con esto, son los abusos, pero eres tú, como usuario, el que debe saber reconocerlos y no caer en ellos.

Todo esto viene a cuento porque Se busCAN es gratuita y no incluye publicidad, ocupa en tu móvil menos que una foto (entre 3 y 4Mb según el dispositivo), no consume apenas recursos y creo que cumple con las especificaciones dignamente, además de disponer de un manual de instrucciones completo (pocas lo tienen). ¡¡Y no os entiendo!!

Según los datos que me proporciona Google, la App se ha instalado, en total, en 413 dispositivos y, actualmente, se mantiene instalada en 142. La App se promocionó en los grupos y páginas de personas afines y comprometidas con el tema del abandono de animales y se produjo un pico de instalaciones que llegó a las 204. A partir de ahí, ha ido bajando hasta las 142 actuales. No es descabellado que piense que las personas que la instalaron estaban interesadas en lo que la App ofrece: poder recuperar animales perdidos. Tampoco lo es, creo, que piense que la gente es consciente de que esta App es como una red social: sin usuarios es completamente inútil. Me sorprende que, sabiendo que la mayoría de los usuarios dedican parte de su tiempo a la labor de difundir noticias por varios canales sobre la desaparición o encuentro de mascotas, no estén alimentando la App (los que la mantengan instalada) con información sobre esos animales. Lo que es fundamental para que la App sirva para algo. No es difícil de ver que la App empezará a ser útil cuando el número de usuarios sea muy superior al actual y que mientras eso ocurre, los que la tengan hayan ido introduciendo información. Ni que hay que ser pacientes y esperar a que ese momento llegue.

Los usuarios disponen de tres canales de comunicación conmigo para realizar consultas sobre el uso o sugerir mejoras. Hasta el momento, nadie ha dicho ni pío. Otra cosa que no entiendo. A lo mejor es que no te interesa tanto el tema de las mascotas como creías. Entiéndeme: no me quejo, si no quieres usar la App, no la uses, pero si de verdad te gusta lo que se puede conseguir con ella, demuestra tu interés. Sólo eso.

Ver como este tipo de iniciativas, que pretenden ayudar —y no lo digo por mi App, que es insignificante, sino por otras tantas que son mucho más importantes—, acaban en nada, me produce una pena infinita. El altruismo es un bien escaso. Ver cómo la educación en este, y en la mayoría de los países, es algo secundario (e incluso prescindible por no conveniente) para los gobiernos es lamentable. Ver a la gente comportarse como borregos por carecer de la única arma —la educación— que es realmente útil contra los abusos y que nos proporciona la libertad a la que todos tenemos derecho, es deprimente.

A lo mejor tiene que llegar a ocurrir lo que se narra en la película a la que pertenece la foto de cabecera de este artículo: “Ultimátum a la Tierra“. O quizás hubiese sido preferible que Helen no hubiera llegado a tiempo de pronunciar el “Klaatu barada nikto”.

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